Viajero Atemporal


No puedo quedarme tranquilo si no comparto con la gente algunas de las vivencias que me han hecho ser quien soy y pensar como pienso de este mundo en el que vivimos.
Desde la distancia y el prisma de otras culturas, personas y espacios se va aprendiendo a valorar nuestro lugar de origen y a creer cada vez más en el hombre.
Encontraréis, entre otras, fotos de Madagascar, India, Canadá, Argentina, Laos y lugares muy cercanos a donde vivo (La Pedriza, Pirineos...). El contacto con la naturaleza ennoblece a la gente y permite abrirse ante nuevos horizontes...


A continuación os propongo que visitéis el blog de un buen amigo donde podréis ver fotos bien chulas de viajes, paisajes y de escalada así como otros artículos o posts de interés:




Nunca es tarde para subir a este bonito risco ("El Elefante").



                                                                        

             Por fin una primavera de verdad (Pedriza, abril -mayo de 2010).


Pared de Cataluña (Vía Delfos)
Cresta del Costerillou (Balaïtous)



BREVE RESUMEN DE MI EXISTENCIA:                                      
Nací en Madrid en 1976 y mi primer contacto con el mundo del sonido, fue a los siete años con una vieja grabadora cuando comencé a hacer mis primeros “experimentos sonoros” y chapuzas, emulando historias de ficción y algunos efectos sonoros. Entre ellos, logré hacer el sonido de un desprendimiento rocoso echando con un aerosol colonia dentro de la ranura del micro. El resultado era real, parecía que se rompía la montaña, aunque realmente se tratara de la membrana del micro deshaciéndose. Me gustaba el swing negroide y algunas piezas de mis series favoritas, sonido que inmortalizaba con la grabadora.


      A los catorce me interesé por la guitarra española para luego pasar a la eléctrica centrándome en el rock clásico, cosa que había ingerido hasta dentro del biberón. Incluso me decanté por el el heavy metal y hardcore, pasando esa insoportable fase de los catorce donde sólo me motivaba aquello que pudiera atentar contra mis castigados oídos. Mi consagración como guitarrista (cosa que no me considero) fue a los quince en una fiesta con doscientos alumnos del curso superior del más típico Highschool americano, yo sólo con una guitarra eléctrica y un Marshall más alto que yo tras de mí. Se trataba de una caótica fusión de blues, flamenco y tapping a lo aprendiz de Steve Vai con mucha, mucha distorsión. Resultó fascinante para el público mi gran habilidad para crear vibratos con la palanca de la Stratocaster (bueno, una Squier japonesa concretamente), cosa que no era más que una manifestación de mi gran pavor. Estaba acojonado.
Momentos para el skateboard, el rock, el thrash metal y el golfeo propio de esas edades…

A partir los diecisiete años y tras mi vuelta de un año por los peligrosos mundos del tío Sam (Estados Unidos), intuí que mi labor de una manera u otra había de ser lograr comunicar a la gente y la música era un medio eficaz para una conexión más íntima y real. 

      Sobre los diecinueve años empecé a tocar en directo con una compañía de danza Polinesia, y paralelamente soplando un "tecno ancestral" con muchos vatios  en discotecas y otros antros. Vestido con un pareo, embadurnado de barro y con los pelos “electrificados” por la sequedad de la cerámica, llegué a tener en primera fila hasta a dos alguaciles de verde con el tricornio en los remotos y olvidados parajes medievales de Calaceite (Teruel). Pocas veces algo tan estrafalario había rondado por esos lares.

Más tarde probé con diferentes percusiones y fue a los dieciocho años cuando logré dar con el mágico instrumento del didgeridoo (actualmente mi “fuerte” instrumental). 


Por aquel entonces, paralelamente a mi actividad real y deseada (el mundo del didgeridoo y el alpinismo), cursé Comunicación Audiovisual y empecé a cacharrear con software de sonido, estudiando duro y echándole horas desgastando mi retina hasta que veía casi doble.




Actualmente trabajo como profesor de Posproducción de sonido desde hace años y sigo investigando este apasionante mundo de los “soniditos” y ondas sonoras desde un plano tecnológico, creativo y social. También soy maestro de didgeridoo desde el año 2000 y actualmente produzco música y sonido para audiovisuales y otras disciplinas.

Por otro lado últimamente estoy recreándome tocando un instrumento tan genial como la batería. Poco a poco voy logrando comprender una humilde base dentro de este apasionante instrumento. Es brutal ver como las extremidades bailan y se agitan al son del ritmo. A veces creyera que se trata de varios "yos" intentando ponerse de acuerdo. En fin... ya veremos si van sacando algo en claro.



      En el 2009 he terminado mis estudios en Musicoterapia y me planteo la posibilidad de seguir aplicando todas estas fuentes de conocimiento en beneficio de quienes más lo necesiten o más quieran participar con la música, o también de quienes sean capaces de escucharme y aguantarme, de aprender a escuchar nuestra voz interior y de aguantarse a uno mismo, que no es labor fácil.

La música y el sonido son afortunadamente tan ilimitadamente grandes y mágicos como nosotros mismos así que el proceso sigue, dura y dura….

Hoy día combino estas pasiones con la vasta naturaleza, ya que esta alimenta mi espíritu igual que el rock lo hizo en mi adolescencia. Ya soy más o menos mayor y por cierto…ya no tengo costumbre de derramar colonia sobre los micrófonos.